Hacer a un lado al Instituto Electoral
del Estado para la nueva elección

Fotografía publicada en bulevar Núm. 159 mayo/junio 2014, archivo bulevarJosé Luis Tehuatlie Tamayo, fue un niño de trece años que cayó asesinado en Chalchihuapan, Puebla, por la policía política de Rafael Moreno Valle, jamás respondió por ello ante un juez, su madre Elia Tamayo lo lleva en brazosMás información en el editorial pág. 10.





Bimestre enero/febrero de 2019






























Artículos traducidos




Puebla la inexistente: Fotógrafos del Paseo Bravo
Las minuteras, atrapadoras de momentos*

A. Xóchitl Olvera Rosas

Humm... los rayos del sol se han filtrado por la ventana, hoy será un día bueno para que podamos trabajar. Él ya está listo y ha puesto material suficiente para hacer de las nuestras. Sujeta entre sus manos el lazo con que jala lo que llama: el carrito de mano, un carrito de madera en donde viajo junto con dos agradables caballitos, sillas, cubetas, mochilas, sarapes, sombreros y frascos.
Esquivando baches, banquetas y autos, deambulamos por las calles de la ciudad hasta llegar al Paseo Bravo. Él nos desata y comienza a bajarnos uno a uno con sumo cuidado; a mí me desamarra las tres patas, colocándome en el suelo; así estiradita, paradita, me siento mejor. Por allí veo asomarse a mis compañeras, cuyos dueños las traen para trabajar en este bonito oficio de atracadoras de momentos.
Nuestras antecesoras usaban una laminita que al apachurrarse sacaba chispa haciendo encender la pólvora, eso era lo que daba el flamazo que iluminaba —como ahora el flash—. Utilizaban también una plaquita en tono sepia, el ferrotipo, que hacia aparecer a todos en colores cafecitos; las imágenes no eran muy nítidas y si te acercabas podías verlas formadas por cuadritos o puntitos.
A las que yo llamo antecesoras, las cubrían con un paño negro bajo el cual el se metía, para juntos detener el tiempo, el espacio, los sucesos y sus protagonistas.
A principios de siglo, ellas viajaban sobre el lomo de burros, en barcos, trenes y automóviles, atrapando diversas imágenes: personajes y políticos famosos, campesinos luchando por su tierra, niñas —de tez morena y sonrisa tras el rebozo— acarreando agua en tinajas de barro, caminos con sus caminantes, músicos de banda y bandoleros, mujeres de largas; trenzas o mujeres con chongos emperifollados, hombres de bigote peinado, borrachos llenos de felicidad o de tristeza, niños asomándose entre los trigales, paisajes de ciudades que comenzaban a formarse, marineros de miradas largas, mercados multicolores con gritonas marchantas, ferias pueblerinas y urbanas con aires de diversión y religiosidad... ¡Y cuanto más podían!
Ahora nosotras ya no viajamos tanto, casi todas estamos en un lugar fijo, como en este hermoso Paseo Bravo, dedicándonos a tomar rostros contentos con marcas de felicidad en ojos y boca; caras serias, serias para aparecer como gente decente en algún documento; parejas de enamorados que entrelazan sus siluetas o ilusiones montadas en caballitos de madera.
Tenemos una manera de ver muy parecida a la del ojo humano, seguimos siendo curiosas con ánimo de escudriñar a quien se nos ponga enfrente. ¿Que quién soy? ¿Que quiénes somos? Pues ya lo habrás intuido, somos las cámaras fotográficas conocidas en nuestro medio como minuteras, y por la mayoría de la gente como las de cajón cajoncito. Minuteras es nombre con tradición, que se nos quedó porque antes él gritaba: ¡Pase, en cinco minutos está su foto! Y de cajón nos llaman los clientes, pues...por el cajoncito que tienen mis patas.
Si abres este cajón encontrarás muchos secretos... El cajón se abre por atrás y tiene al fondo el chasis, un marco de lámina donde se coloca un vidrio esmerilado. A él, le permite ver que la gente quede enfocada, para lo cual va moviendo la lente que está al frente del cajón hasta lograrlo. La imagen que él mira está invertida. Guardo, también, una cajita oscura donde va el papel fotográfico; debe estar bien cerradita para que no entre luz, porque si entra se echa a perder. Llevo dentro de mí un tanquecito con dos depósitos, uno con líquido revelador y otro con fijador. Para quitar los residuos que de estos queda en los retratos, él echa las fotos en el agua que contienen las cubetas.
Tengo un vidrio lateral de color rojo donde, por dentro, su mano coloca el retrato, y, desde fuera, sus ojos miran si el revelador cumplió su función, si lo hizo, pasa el retrato al fijador para que la imagen no se borre.
De la puertita, donde se abre y cierra el cajón, hay un orificio de donde sale una manga un poco larga, para que él pueda meter la mano al interior y maniobrar con facilidad, sin peligro de que entre la luz.
Como ya había dicho, al frente del cajón está la lente —Comput, de origen alemán— y una base de madera donde hay un riel que sostiene una laminita donde se coloca el negativo, se enfoca de nuevo y se retrata otra vez. Es decir que primero tomamos a las personas sentaditas, con su telón blanco, sale el negativo y después a éste lo retratamos y una laminita para sacar el negativo, luego todo es como el anterior.
¡Ah! siempre tenemos colgando dos frasquitos: uno con tinte rojo que sirve para quitar las sombras, y otro con una sustancia para quitar un poco el reflejo de arriba del cabello para que el cliente no diga que salió canoso. Estos líquidos los pone él en el negativo usando pinceles.
¡Todo este proceso se hace a la vista del público! Y...bueno, pues como abras podido darte cuenta, las minuteras llevamos con nosotras la ampliadora, el cuarto oscuro y la cámara. Solo tomamos fotos en blanco y negro, con una película que se llama postal 111. Por eso somos solicitadas para fotos de medio cuerpo: ovalito, infantil, cartilla y credencial, que piden en las escuelas o trabajos...
—Psss... Oye, algunos se retratan con nosotras para regalarse al ser amado... en foto.
—Sí, sí, claro.
Los tamaños y las formas se las da él a según lo pidan, hace el corte para el ovalito con unas plaquitas de metal —cobre— ovaladas y una carretilla pequeña de acero; las otras formas las corta con tijera. Algunos de sus compañeros usan guillotinas o troqueles para cortar cuadrados u ovalitos.
A las minuteras él nos construye; o nos manda a construir con el carpintero y con el herrero, y él hace los ajustes finales. Algunos nos han comprado de segunda mano, a otros pertenecemos por herencia generacional; por eso me gusta decir que somos de fabricación casera, tradicional, lo que nos hace diferentes a las que usan en los estudios fotográficos.
Casi nunca nos enfermamos, perdón, nos descomponemos, por lo general cuando esto sucede se debe a que el resortito que abre y cierra las aspas en la lente, el que hace el disparo, se rompe. Él lo repone haciéndolo de una cuerda de guitarra.
Pues así soy, tengo muchas historias compartidas con él —a estas alturas sabrás que él es el fotógrafo—, y me ha dado mucho gusto hacerte un retrato escrito y gráfico de mí, algún día espero encontrarte frente a frente y retratarte como eres, o como quieres aparentar que eres, o como yo quiero que te veas...

*Artículo publicado en la revista bulevar año 3, número 3, junio de 1992.





Nicolás Copérnico

Luis Rivera Terrazas
Tercera y última

Mientras que estas inquietudes se desarrollaban en la mente de muchos pensadores por otro lado se desbordaba un verdadero alud de acontecimientos. Cristóbal Colón había descubierto el Nuevo Mundo, se había desarrollado el comercio y la navegación transoceánica y a la astronomía se le planteaban tareas de mayor envergadura. La astronomía geocéntrica era incapaz de resolver estos problemas por hallarse basada en una teoría equivocada que conducía a resultados inexactos y a veces totalmente erróneos. En el aire flotaba también la imperiosa necesidad de reformar el calendario ya que éste, con frecuencia, indicaba fechas falsas que producían gran conclusión en la vida pública y económica. Decía Voltaire, con gran ironía, que los caudillos romanos triunfaban siempre pero nunca sabían cuando habían obtenido la victoria. Algo parecido ocurría en tiempos de Copérnico quien decía:
...Puesto que hace poco, en los tiempos de León X, cuando el Concilio Lateranence se ocupó de la corrección del calendario eclesiástico, este importante problema no quedó resuelto por la única razón de que era desconocida la duración de los años y meses, así como estaba insuficientemente determinado el curso del sol y la luna. Desde entonces concentré en este asunto mayor atención...
Así pues, las crecientes necesidades de la vida plantearon a la astronomía nuevas tareas entre las cuales figuraba, en primer lugar, la revisión a fondo del sistema cosmológico entonces imperante.
El primer indicio de la teoría de Copérnico se encuentra en un libro que escribió a su regreso de Italia llamado Pequeño Comentario a las Hipótesis de Nicolás, Copérnico Sobre los Movimientos de los Cuerpos Celestes, más conocido con el nombre de Commentariolus el cual fue difundido en forma manuscrito. Su idea central la enuncia de la siguiente manera:
...Todo movimiento observado en el firmamento no procede únicamente de sí mismo, sino del movimiento de la Tierra. Así, la tierra, junto con los elementos más cercanos a ella —se refería a la atmósfera terrestre—, realiza durante las 24 horas una evolución entre sus polos invariables, mientras que el firmamento con el cielo más alto permanece inmóvil.
Y para ilustrar adecuadamente esta idea con algún ejemplo cita, en su obra De Revolutionibus, la siguiente frase de Virgilio: Cuando despegamos de puerto, la tierra y las ciudades siguen hacia atrás.
En otra parte de su obra fundamental expresa esta misma idea con gran precisión:
La tierra es el lugar desde el cual observamos la bóveda celeste y esta aparece accesible a nuestra vista. Esto significa que si suponemos que la tierra posee algún movimiento, este movimiento necesariamente será observado en las partes exteriores del cosmos como un movimiento en sentido contrario como si esquivara la tierra. Así es, ante todo, la diaria rotación del cielo. Nos parece que este movimiento arrastra a todo el universo, exceptuando la tierra y lo que está cerca de ella. En cambio, si suponemos que el cielo no posee por completo éste movimiento, sino que la tierra gira de oeste a este, entonces cualquiera que reflexione un poco sobre los fenómenos de la salida y puesta del sol, la Luna y las estrellas se convencerá de que así debe ser en realidad...
Es interesante hacer notar que aquí Copérnico aplica, de un modo consecuente, el principio del movimiento relativo establecido anteriormente por Aristóteles, pero en forma bastante confusa. Dice Copérnico: …todo movimiento observado es el resultado del movimiento del cuerpo que observamos, o del observador, o también de los movimientos desiguales de ambos… Copérnico no se detiene a demostrar este principio pues lo consideraba lo suficientemente obvio para los matemáticos y astrónomos a lo que estaba dirigido su trabajo, pero obtiene las consecuencias necesarias cuando dice que hay que explicar, conforme a este principio, el movimiento visible de los planetas, la 1una y el sol. Copérnico, con audacia, da el gran salto. En su carta dirigida al Papa Pablo III dice, después de mencionar las opiniones de los antiguos que favorecían su sistema:
Y yo también, con motivo de estos testimonios, he comenzado a meditar sobre el movimiento de la tierra;… que la tierra es un planeta principal sujeto a un triple movimiento; que todos los fenómenos del movimiento diurno y anual, la vuelta periódica de las estaciones, todos los cambios de la luz y de la temperatura de la atmósfera que les acompañan son los resultados de la rotación de la tierra alrededor de su eje; que el curso aparente de las estrellas no es más que una ilusión de óptica que, en fin, el movimiento que todos planetas da lugar a un doble orden de fenómenos que es de importancia esencial distinguir; los que derivan del movimiento de la tierra y los que derivan la evolución de los planetas alrededor del sol.
La tierra ha dejado de ser el centro del universo para convertirse en un planeta más de la gran familia solar y de esta manera se hace comprensible y lógico el cuadro cinemático de los cuerpos celestes cercanos a la tierra.
En ningún sistema he logrado, escribe Copérnico, …obtener una simetría más admirable del mundo, con una disposición más armoniosa de los planetas, que cuando situé en el centro al sol…; es decir, llevando al sol al trono del gran templo de la naturaleza.
La teoría heliocéntrica de Copérnico es el punto de partida de la primera gran síntesis científica que culmina, cien años más tarde, con la obra de Newton. En esta labor destacan Tycho Brahe —1546-1601— quien realiza una sistemática y precisa determinación de las posiciones de los cuerpos celestes, Kepler —1517-1630—, quien modifica las órbitas circulares de Copérnico introduciendo elipses y ocupando el sol, no el centro, sino uno de los focos de las mismas, y Galileo —1564-1642— quien no sólo establece, sobre bases experimentales, algunas leyes dinámicas —por ejemplo, la ley de la inercia— sino que, a través del telescopio por él construido, obtiene una confirmación observacional directa de la validez de la teoría copernicana al observar los movimientos de revolución de los satélites de Júpiter. Sobre Galileo se desata la tormenta que Copérnico había presentido. Por primera vez el universo queda libre de fantasmas, de fuerzas sobrenaturales, deja de ser un mundo enajenado por lo milagroso. Tres siglos más tarde opera el mismo proceso en dos campos donde se había refugiado lo sobrenatural: El mundo de la vida y el de la sociedad humana. Los nombres de Darwin y Marx están asociados a estas hazañas.
La obra de Copérnico puede resumirse diciendo: amplió el firmamento en proporciones insospechadas al soltar la tierra de sus ataduras tradicionales; objetivizó el conocimiento dando al hombre el lugar que justamente merece; estableció el método científico dándole al pensamiento una herramienta insuperable, enseñándole a distinguir lo real de lo aparente.
Copérnico merece, con toda justicia, el título: Fundador de la Astronomía Moderna.





Malintzin doncella hermosa
Isaías Bello Pérez*

Cuenta la tradición que había una vez una doncella muy hermosa de faz morena y refinada, ojos negros, boca de azucena, cabellos de noche entrelazados con listones de cielo, camisa enchaquirada de quetzal, sempaxtle labrado en motivos mil. En el delicado porte, una faja de mar; rebozo de bolita de conejo y calzaba níveos floripondios.
Ella por su hermosura inspiraba a los artistas bellísimas obras de arte, por eso los tlaxclatecas la tenían por diosa.
A la llegada del hombre blanco con la ayuda de Tokiantsin, Ixtiapale y Piantsin se refugio en el seno de la montana en donde muy pocas veces es vista por los mortales.
Los primitivos tlaxcaltecas llevaron todos los tesoros de esta linda señora en grandes tominoles que cargaron mil tamemes. Ella quiso guardar todas las variadas flores y las hizo sembrar en grandes metepantles y así empezó por las azules y rojas... dejando en su dormitorio aquellas del color del arco iris donde trinan los cenzontles y quetzales; todas las aves armonizaban con sus plumajes y cantos, los campos floridos. En cada metepantle había un lago cristalino donde saltaban los peces y bebían los venados. El carpintero había perforado en las rocas volcánicas las ventanas por donde el sol saludaba a tan gentil doncella.
Se narra que ella se lavaba con el roció de las estrellas de la noche de verano y rara vez usaba jabón octagón.
En tiempo inmemorial, cierta noche de verano, cuando ella solía bañarse. Un humilde pastorcito en la edad de la mocedad perdió dos ovejas mas allí de la media montaña y se puso a buscarlas con la compañía de su fiel compañero Chumbin. Y, ya muy entrada la noche Chumbin olfateó muy cerca de un colosal zacatón, que cubre la entrada de la hermosa mansión, y les ladro a varias culebras multicolores. ¡De pronto apareció frente a el la cautivadora doncella! Esta le dijo:
—No temas. Yo tengo a tus ovejas, sígueme.
Y el pastorcito empezó a seguir a la dulcísima niña.
Sus eternos guardias eran dos gigantescos ocelotes; y cuatro tigres la custodiaban, a esta virginal doncella. Iluminaban su aposento cien luceros; guarnizaban sus calles los pavo reales y las mas exóticas orquídeas. Se mantenía de las mas exquisitas mieles silvestres y de las diferentes ofrendas que la gente le llevaba durante las distintas épocas del año. Según pudo ver, el pastorcito, interminables cosas indescriptibles.
Se detuvieron junto a las flores azules que embalsamaban su cuerpo, ella comento con voz celestial:
—iAy selecto pastorcillo del linaje de Diego Martin!
¡Si tus carbonizantes labios prender quisieran a los míos! Y exclamaran:
i Malintzin!,
¡Amor mío!, ¡Cuánto te amo!
¡Si se entrelazaran las flores azules con las amarillas!
A todo ello el pastorcillo enmudeció por el pavor a los guardias y porque se consideró indigno ante tanta belleza. Prosiguieron la marcha. Más adelante le dijo:
— Yo soy la protectora de tus padres y abuelos.
Yo soy quien pide el agua a Tlaloc para los campos y el pastizal.
Apuesto galán ¡Mira mi tesoro!, ¡Tan brillante como el ocaso!, i Tan multiplicativo como el cempoaxochitl!
Todo es para ti; si tus enclavelados labios se desencantan con un ardiente beso amoroso.
Mas como su alma flaqueaba, no se atrevía a nada. Por su parte ella le dijo
-No temas. Aun el tiempo no ha llegado. Seguiré siendo el corazón de la montana donde tú vives.
Nadien se ha aventurado a cruzar el rio que tú contemplas. Ve tranquilo, el sol te guiará y te esperan a la salida tus ovejas.
Extrañas aves guiaron el retorno del pastorcillo y la primorosa doncella se quedo con las flores bordando.
De pronto, el quedo fuera del extraño lugar, su corazón latía velozmente, Chumbin y las ovejas se le aparecieron enfrente. El cielo estrellado lucia todo su primor, el viento esparcía olor a oyamel.
Escuchó un ¡¡u u u!! de sus padres que andaban en su busca. Pronto se encontraron en su jacalón allí en Ayometla; en la cima aparecía el Lucero, eran las tres de la mañana.
Encerró las ovejas y el sueño los venció no hubo más comentarios hasta el día siguiente.
Sus padres le dijeron:
—¡Qué bueno que no hayas besado a la doncella porque te hubieran muerto sino eres de alma negra!
—Pronto bajaremos de este lugar antes que vuelvas a encontrar a la señora Marina.
Más tarde sus abuelos le dijeron que no volviera a buscar el paraje donde entró porque nadien vuelve a encontrar el sitio.

*Relato original recopilado por Isaías Bello Pérez. Traducido al español por la madrileña Elena López de la Fuente; "en las carcajadas del verano del inolvidable 1985". Versión corregida por bulevar.
Artículo publicado en la revista bulevar número 1 año 6 enero de 1995.





Arena que vuela*

Alejandro Rivera Domínguez

Desde antaño el Popocatépetl ha sido objeto de veneración y constante observación por las culturas que sucesivamente se han asentado en los Valles de Puebla y México.
Se sabe, empero, que durante el esplendor Tolteca, hacia 900 A.C., el enorme volcán era conocido con el nombre de Xalliquehuaearena que vuela—, sin embargo, durante los años 1345 y 1347 —años 11 Cana y 9 Casa, en el calendarlo Nahua—, la estructura volcánica dio muestras de la extraordinaria fuerza que la edificó a través de una de las erupciones más intensas registradas en Mesoamérica.
Los devastadores efectos fueron origen de numerosas conjeturas sobre el poder de los dioses y se continuó con el culto, ofrenda y aún sacrificios humanos, ante la magnitud de las fuerzas liberadas.
El antiguo Xalliquehuac cambió de nombre para nosotros, los habitantes de las ciudades, más no así para los campesinos de los alrededores, quienes conocen al volcán con otros nombres.
El Popocatépetl, —montaña que humea—, o más acertadamente —montaña furiosa—, ha sido escenario desde tiempos prehistóricos de numerosas erupciones, cada una de ellas registradas en crónicas o en datos geológicos, en total se cree que a partir de 5300 A. C. el volcán inició una etapa de actividad latente. Aún en nuestros días; han sido más de 19 etapas eruptivas muy bien detalladas por cronistas indígenas, españoles, viajeros extranjeros y los habitantes de las regiones cercanas al gigantesco volcán.
De manera que desde el asentamiento Nahua en el centro de México hasta nuestros días, el Popocatépetl, ha causado un temor que se acrecienta de cuando en cuando, a medida que el volcán sigue su evolución geológica.
Un hecho curioso y relevante, hoy día polémico, entre los investigadores, lo constituye la fase eruptiva iniciada a principios de nuestro siglo XX, se ha dicho que fue la primera erupción causada por intervención humana, los detractores de esta afirmación sostienen que se trató de un proceso natural que extrañamente coincidió con los fenómenos que se observaron durante 1919 a 1927.
La crónica extraordinaria del pintor Gerardo Murillo, mejor conocido por Dr. Atl, interesado en el paisaje de los volcanes y estudioso de ellos desde su estadía en Italia, ha sido uno de los documentos más extraños en la historia de la vulcanología.
Durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX se había exaltado la riqueza en azufre del Popocatépetl, más allá de toda ponderación real, y se explotó la extracción de azufre de manera audaz y casi increíble, ya que los obreros debían ascender hasta la orilla del cráter menor —5200m— y, posteriormente, descender verticalmente hasta la base de donde se obtenía el elemento, mediante un malacate, trabajo que debería figurar en los anales de lo mágico por su alto riesgo y pobres resultados.
Debido a la explotación hecha con magros recursos técnicos y a la real pobreza de los yacimientos, los obreros de Amecameca y el capataz decidieron emplear dinamita con la ilusión de aumentar la cantidad de azufre proveniente de cráter gigante del volcán.
El Dr. Atl, quien vivió y pintó los volcanes mexicanos con un estilo inigualable, se interesó en los acontecimientos que se desataron a raíz de la explosión y recogió de labios de un testigo la narración del principio de la erupción.
José Mendoza, un obrero de Amecameca, narró la aventura pasada con sus amigos volcaneros: ...estaba parado junto a uno de los humeros cuando de repente oí un tronidazo y sentí que las paredes del cráter y el suelo se movían... corrí a buscar refugio, yo y todos mis compañeros que éramos 18 nos pusimos debajo de unas peñas... al poco rato empezó a nublarse el cráter y comenzó a nevar como yo no había visto en toda ml vida de volcanero. Nos habíamos quedado sin tortillas y cuando llegó la noche nos apretamos los unos con los otros, esperando que amaneciera, pero el temporal siguió más violento y en medio de la nevada nos decidimos a escalar las paredes. Ya nos habíamos quedado sin tortillas y el malacatero había huido...ninguno consiguió escalar las paredes por estar cortadas a pico y ser altísimas... El malacate tenía 90 metros y se había engrosado con la nevada... el 23 de febrero el temporal calmó un poco, salió el sol y tratamos de salir, pero no pudimos lograrlo. La nieve se derretía por todos lados y caía a grandes montones, uno de los cuales sepultó a dos de nuestros compañeros... por la noche el viento helado era tan fuerte que otros dos muchachos no pudieron resistir el frio. Qué noche señor, qué noche... de repente vi dos desesperados como locos arañando las paredes, lograron escalarlas, yo no sé cómo lo hicieron (dos días después se encontraron sus cuerpos destrozados a orillas del cráter).
El 24 solo quedábamos tres vivos... comprendí que si me quedaba quieto moriría y procuré moverme en el mismo sitio como si bailara al señor del sacromonte... de repente oí gritos junto al malacate. Eran los muchachos de Amecameca que nos venían a auxiliar a los vivos y rescatar a los muertos con muchos trabajos...
Meses después grandes explosiones de ceniza fueron observadas desde Puebla e incluso algunas comunidades cercanas al Popocatépetl sufrieron pérdidas en las cosechas.
Esta erupción —ver fotografía— constituye un reto científico y social porque el Popocatépetl es uno de los volcanes explosivos con asentamientos humanos importantes en el área de influencia eruptiva registrada geológicamente.
Se trata sin duda de un extraño caso de la vulcanología moderna no resuelto y del máximo interés científico y social.

*Artículo publicado en la revista bulevar, año I, número 5, diciembre de 1990.





Hacer a un lado  Instituto Electoral del Estado —IEE— para la nueva elección

En Puebla desmontar el ensamblaje hecho por Moreno Valle Rosas y el PAN, es tarea política de primer orden para restablecer mínimamente el estado de derecho, de otra forma será imposible plantearse y llevar a cabo cualquier tipo de transformación en el estado y dificultará por consiguiente los cambios en el país.
Los residuos del PAN en Puebla son un grupúsculo de mercenarios sin ningún escrúpulo y un puñado de fanáticos del Yunque herederos del Frente Universitario Anticomunista —FUA—, incluyendo militantes de PRI y PRD, etc. Todos ellos desesperados al ver que se derrumbó su proyecto político que ya consideraban consolidado con el voto de calidad de la Ministra Janine Otálora,  con el que en apariencia, se superó el escandaloso fraude electoral.
Ante el desplome del helicóptero el grupúsculo de los principales sirvientes de Moreno Valle no se midieron y desataron una estridente alharaca queriendo hacer de los muertos mártires, pensando que así podían superar la realidad del fraude electoral y capitalizar para sí su desaparición física.
En menos de 24 horas las autoridades morenovallistas sin dar la mínima información levantaron los residuos de los cinco cuerpos, les hicieron las autopsias de ley, completaron la cremación e identificaron los restos, porque les urgía armar un homenaje —por cierto basado predominantemente en la policía política de RMV— en el que acusaron y sentenciaron como si fuesen un tribunal de justicia, al Presidente de la República y su Secretaria de Gobernación de asesinos.
El presidente nacional del PAN Marko Cortés cómplice de Moreno Valle para hacerse de la dirección de lo que quedo del PAN exigió, que por cortesía el gobernador interino de Puebla debía de ser del PAN, cortesía que no  demostró para al Presidente de la República y su Secretaria de Gobernación al promover llamarlos asesinos en el homenaje.
No solo fue él, todo el grupillo que rodeó al difunto vio una oportunidad para encaramarse y uno dijo… el gobernador interino tiene que ser panista como un homenaje, también… la  mejor ofrenda  a los muertos— es que sea panista, otro sin reflexionar… para que cumpla el proyecto de la gobernadora… y lo increíble …que se respeten los nombramientos de la gobernadora. ¡Ay¡… arzobispo, como si Dios los hubiera elegido usando a la gobernadora para sus designios, la iglesia inmiscuyéndose en los asuntos políticos de los hombres. Lo más grave para estos que se dicen demócratas es que piden consenso para nombrar al interino ya que morena tiene holgada mayoría en el Congreso poblano y no necesita los 7 votos panistas para nombrar un gobernador interino a modo de ellos.
El Gobernador interino tiene la obligación de responder al mandato de los votos de los poblanos del 1º de julio pasado,  que arrasaron al votar a López Obrador y sus candidatos, incluso cuatro puntos más que la media nacional y su única obligación del  mandato es hacer a un lado al Instituto Electoral del Estado —IEE— para la nueva elección, ya que ese organismo estuvo y está en la nómina del cártel Moreno valle, así como las legislaturas de por lo menos tres periodos, que le aprobaron absolutamente todo, para que pudiera capturar legalmente al estado.
Es el tiempo justo para aniquilar para siempre, la vieja estructura dictatorial montada por el PRI de siempre, sus simulaciones democráticas, sus bárbaras acciones represivas, sus alianzas, como esta última; Por México al Frente del PAN, PRD y MC, con la pretensión de perpetuarse
a modo, con bandas de saqueadores  del estado y del país.
No es necesario agregar más,  las nuevas autoridades tienen compromiso con sus electores y no hacer acuerdos en lo oscurito. Por lo que respecta al cártel de los moreno valle se pueden revisar en línea los editoriales de la revista,  que puntualmente denunció en vida de Moreno Valle,  sus atrocidades para enriquecerse, como el que aquí publicamos y salió en el número 153 correspondiente a mayo/junio de 2013.





La ruedota del infortunio de Moreno Valle

¡Vaya! Los ultramodernos no saben qué hacer con la Rueda gigante de observación. Así le llaman, ¡hágame favor! Primero, al comprarla le dijeron a la empresa alemana que la querían para el 150 aniversario de la Batalla de Puebla, iban a ponerla en los Fuertes, junto con el teleférico, luego de haber transformado la zona histórica de la derrota francesa del 5 de Mayo en zona franca de diversión; así como haber edificado una vialidad muy anchota sobre la Calzada de los Fuertes —que destruía de paso la arcada del siglo XVII y los centenarios puentes— para desembocar en pleno Centro Histórico de Monumentos.
Así, estos creativos de meganegocios completarían su corredor turístico. Por ello, para la estación del teleférico en el Centro Histórico, no les importó la destruir la Casa del Torno —8 Norte, núm. 414—, una construcción de los siglos XVII y XVIII, catalogada por el INAH, acción en contra del patrimonio que los convierte  en delincuentes. Claro, es un corredor de altura teleférica, como corresponde a sus mercedes y como son autoridá no necesitan permisos de nadie. ¡Ya nada más eso faltaba! ¿Quién es más que ellos para autorizarles?
Su autoritarismo no les permitió tomar en cuenta, que los poblanos —y no poblanos— defenderían a su ciudad y su legado histórico y cultural que sustantivamente tiene Puebla.. Esta plusvalía cultural e histórica nos pertenece a todos y no puede ser privatizada por una clase que sólo le interesa su carrera política, los supernegocios, y que además está totalmente desprestigiada.
Al no poder ponerla en Los Fuertes, a un tal Tony Gali Fayad, se le ocurrió el  Paseo Bravo. ¡Genial idea! Se vería toda la vieja, verdadera y única Angelópolis —ciudad de Puebla—, pero como todos ellos son ignorantes de la historia poblana, de su heroísmo, el tropezón de nuevo.
Nuestra revista escribió a principios de marzo, lo que la mayoría de los poblanos sabe  el dilatado sitio —62 días— que sufrió Puebla, y en particular el Fuerte de San Javier, hoy Instituto Cultural Poblano y por ende el Paseo Bravo, recibió el golpe principal de la soldadesca francesa en 1863… Para que no les suceda lo mismo que con su teleférico, un juez les tiene que parar la obra…
Pero no faltó otro turiferario: señor, en Angelópolis —la colonia—. Ahí no hay historia. Si la hay, de represión y expropiaciones de la tierra a los pueblos originarios. Pero ¿qué se vería  en la ruedota más alta que la de Londres?: azoteas con trebejos, una multitud de tinacos rotoplas, jacalones de techumbres de plazas comerciales…  Otro de ellos, con dos dedos de frente, dijo: No, no es buena idea, busquemos otro lugar.
Un compañero periodista documentó que fue en un vuelo de helicóptero que descubrieron  el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec y su zona arbolada, uno de los pocos pulmones de la ciudad: ¡Ahí!, ¡Ahí merito! Se vería el Relicario de América, al norte. ¡Perfecto! Y se desbocaron para justificar su prepotencia: en horas tenían los permisos. ¡Claro, con la experiencia anterior del teleférico! Obligaron a los directores a firmar que ellos y los padres de familia querían la ruedota. Listo, ¡ahí van las máquinas!
Educación y no diversión. Con pancartas de rechazo a la obra, muchos escolares y padres de familia del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec —CENHCH— se manifestaron en el lugar en que se proyectó la obra, con mensajes de estoy aquí por la educación y no por una diversión, como la que pretenden, reportó en su nota un periodista. Y algunos más recordaron el frágil suelo del plantel ante los terremotos.
Lo increíble, la verborrea oficial de los aduladores, incontenible: es una rueda itinerante, estará nada más un año, recorrerá todo el estado. Treinta millones de pesos serán para el Centro Escolar, no se tirará un solo árbol; los padres de familia la pidieron.
Un par de días después, creyendo en su autoridad inobjetable y que todo mundo tiene un precio, estaba, pues, amarrado el negocio. Entonces sacaron las uñas: la cimentación costaría 200 millones de pesos; un estacionamiento por debajo del nivel de banqueta y otro superior, una plaza comercial, etc. Una marcha de la vergüenza para el 5 de Mayo fue la respuesta de alumnos y padres de familia.
Y va de nuevo la ruedota a la mal llamada Angelópolis, al bosque de rotoplas y jacalones de plazas muy modernas. Y al quinto intento se dan cuenta que son visionarios como deben ser los políticos megamodernos: estamos vislumbrando un proyecto que nos permitirá un rescate ecológico, concretamente habrá un beneficio al Parque del Arte y la intención es no sólo tener la rueda, sino un entorno agradable”. Bien, muy bien. Ahí la llevan…


Una heroína poblana de la guerra*


Eduardo Gómez Haro**

Pocos poblanos saben que en la actualidad vive en esta ciudad, como gloriosa superviviente de una época de rudos combates y de sacudimientos políticos, una anciana que cuenta la viril proeza de haber tomado las armas en defensa de la patria.
Un repórter de La Semana de Puebla, sabedor de esto, y en la creencia de que este asunto sería de verdadera actualidad, se apresuró á entrevistar á la señora Altagracia Calderón, que tal es el nombre de la anciana á que nos referimos.
Habita en la casa número ocho de la Portería de Santa Catarina y á ese lugar dirigió sus pasos el repórter, ávido de encontrar á esa heroína de quien tantas hazañas le habían contado.
En una humilde habitación de una sola pieza, situada en el lado izquierdo del patio, tiene su domicilio la señora Calderón.
Presentóse el representante de La Semana y á través de los vidrios de la puerta pudo verla sentada, leyendo trabajosamente, con ayuda de toscos espejuelos, un volumen que descansaba sobre una mesa de madera sin pintar.
A los golpes dados por los nudillos sobre el cristal, se levantó la anciana y abrió, mostrando la extrañeza de quien, no acostumbrado á recibir visitas, ve ante su puerta á una persona desconocida.
¡Interesante figura la de nuestra heroína! Surcado el rostro por profundas arrugas, vivos é inteligentes, aunque un si es no es desconfiados, los ojos, que bien pronto quedaron desprovistos de los cristales que los resguardaban; el cuerpo, delgado sin ser enjuto y erguido sin aparecer afectado; la palabra, reposada y firme.
Vestía limpia y almidonada enagua de percal obscuro y floreado y su busto se perdía bajo un rebozo que le cubría la cabeza y era insistentemente atraído por su nerviosa diestra hacía la boca, como si quisiera atajar con la estampada tela el paso á las palabras, pues hay que advertir que doña Altagracia se mostraba al principio reservada y huraña.
— ¿La Sra. Altagracia Calderón?— Preguntóle el repórter antes de franquear al umbral.
— Allí enfrente está la casera. Ella puede informar á Ud.
— Pero ¿no es Ud. doña Altagracia Calderón?— insistimos levantando la voz.
— Ah, sí. Es que no oigo bien— contestó sin decidirse á hacernos pasar.
— Quisiera platicar con Ud. un rato.
Mirada inquisitorial, por sobre los espejuelos, de la entrevistada á quien decididamente no hacía mucha gracia nuestra intempestiva visita.
— Pase Ud. y siéntese.
— ¡Por fin!
En el muro del frente, algunas estampas de santos, y entre ellas, descollando como el preferido, un soldado romano, cuyo nombre no acertamos á leer, por la distancia. En la pared de la izquierda, clavada con tachuelas, una hoja de El Imparcial, mostrando, á toda la página, los retratos de cuerpo entero de nuestro presidente el Gral. Porfirio Díaz y de Mr. Taft, dándose la mano en la famosa entrevista. El libro que había dejado abierto sobre la mesa adosada al muro, una novela de esas en que hay combates y aventuras.
— ¿Qué se le ofrece á usted?
— Quiero saber si es verdad que en épocas aciagas para México, prestó Ud. servicios de    importancia peleando por la patria.
— Algo hay de eso.
Dijo y desarrugó el ceño, como si el giro que tomaba la conversación le halagara.
—Aquí tiene usted— añadió extrayendo de un cajón una caja cilíndrica de hojalata, abollada y mohosa, de la cual sacó un legajo amarillento, que puso en nuestras manos.
— Son mis papeles, que pueden decirle, mejor que yo misma, lo que desea saber.
En efecto, lo que la simpática viejecita nos mostraba eran certificados expedidos por los Grales. Juan N. Méndez, José B. Cueto y Hermenegildo Carrillo, y en los que consta, bajo él testimonio de esos ameritados jefes, la deuda de gratitud que la nación ha contraído con doña Altagracia.
El primero de los generales mencionados atestigua que, siendo casi una niña, se batió contra los imperialistas y franceses, formando parte de la guerrilla que mandaba el coronel Mauricio Ruiz, hasta que se efectuó la capitulación de Papantla, después de la cual fue tomada prisionera y traída á Puebla, junto con el citado coronel Ruiz y el de la misma graduación Benito Marín, también prisioneros, y que permaneció presa hasta que Puebla se rindió al Gral. Díaz el 2 de Abril de 1867.
— Por cierto, dijo la señora Calderón, que yo estrené entonces la cárcel de San Juan de Dios, y que tuvieron que pasarme luego al Colegio de San Juan, donde hoy está el Palacio de Gobierno, para custodiarme mejor, pues Trujeque hizo correr la voz de que Antonio Pérez, uno que andaba con nosotros iba á sacarme á la fuerza de la prisión. Cuando salí, al entrar á la plaza don Porfirio, me monté á caballo y me fui al Carmen á ver el fusilamiento del mismo Trujeque. Después me dirigí á México.
En esa capital continuó tomando parte activa en la contienda, y el general Cuellar asienta, en el certificado que le extendió, que allí estuvo en varios combates parciales sostenidos entre las fuerzas de caballería republicanas y las imperialistas de la misma arma, cuando estas salían á forrajear, y añade que siempre se portó con valor y arrojo.
Cuando la revolución de la Noria, peleó también bajo las órdenes del general Hermenegildo Carrillo, que mandaba la primera división del Ejército de Oriente, y este jefe afirma, en especial certificado, que la interesante anciana se halló mandando una guerrilla, en las acciones de guerra siguientes: 15 de Enero de 1872, San Juan de los Llanos —27 del mismo, San Andrés— 22 de Marzo, Apulco—20 de Abril, Huauchinango; 31 de Marzo, Coahuitique —cerca de Xochiapulco—; 14 de Julio, San Juan Aquixtla. El mismo Carrillo añade que tomó participación activa en todos estos encuentros, habiéndose portado con todo valor, lo que la hizo acreedora á toda clase de distinciones.
Como es natural, en más de una ocasión las balas enemigas hicieron blanco en el cuerpo de nuestra heroína y la más grave de sus heridas fue una que recibió el 20 de Enero de 1864, en una escaramuza con las tropas imperialistas que iban de Perote á Jalapa y que fueron batidas y derrotadas cerca de La Olla, por una fuerza que salió de Tlacolulas. La bala que entonces la lesionó penetró por el lado izquierdo de su cuello y le salto por la boca, que, á consecuencia de ello, le ha quedado algo deforme; por eso procura cubrirse, al hablar, la boca con el rebozo, cual si quisiera atajar sus palabras…
—Y mire usted lo que son las cosas de la vida— dijo con ingenuidad, el general Hermenegildo Carrillo, que me dio ese certificado que tiene usted en sus manos, elogiando mi conducta, fué el mismo que antes, cuando era traidor —así les decíamos á los imperialistas—, me hizo prisionera y me entregó á la Corte Marcial que se instalaba entonces en el ex-convento de la Concepción de esta ciudad. Pero... –dijo de pronto deteniéndose y volviendo á su actitud de desconfianza– todo esto que le cuento á usted, me parece que lo va a sacar en los periódicos... y, la verdad, me da temor de que lo haga, porque ya ve usted que hoy están los periódicos diciendo muchas exageraciones y a lo mejor lo comprometen á uno…
No tardó en tranquilizarse, al saber que la entrevista iba á ser publicada por La Semana de Puebla y que quizá serviría para que el Gobierno Federal, que le da una cortísima pensión, se fijara en ella y quizá decretara un aumento que le permitiera pasar con alguna comodidad sus últimos días, que hoy ve transcurrir sola, indigente y enferma… ¡Ella, que desmintiendo la debilidad de su sexo, derramó la sangre de sus venas por hacer á su patria libre y feliz!
Terminó la visita con estas palabras de doña Altagracia: Pues puede usted publicar lo que le he dicho y lo que en mis papeles ha leído ¡Ah! Y diga también que, á pesar de mis setenta años, puedo todavía, si llega el caso, disparar un fusil por la paz y la libertad de México.


*Publicado en Florilegio, poetas y escritores poblanos por nacimiento, o por haber hecho en el estado su carrera literaria. Alfonso G. Alarcón, Ricardo Saúl Rodiles. Editor: Enrique del Moral. 1913.

** Eduardo Gómez Haro
Fue su cuna la ciudad de Puebla y nació el 6 de Noviembre de 1871. Sus padres fueron el señor Don Eduardo Gómez y la señora Luz Haro. Cursó las primeras letras bajo la dirección del eximio poeta Don Manuel María Flores primero, y después en el Liceo Franco Mexicano que dirigía el Profesor D. Francisco Cid y de allí pasó al Colegio del Estado en donde cursó su instrucción preparatoria y parte de la carrera de medicina.
En 1903 fue nombrado Director del Periódico Oficial del Estado, puesto que sirvió hasta el año de 1911, siendo además Profesor de Lenguaje en el Instituto Normalista.
Ha publicado: Colección de Tradiciones y Leyendas de Puebla —Prólogo del Lic. Felipe T. Contreras, verso— 1904, Púgiles, colección de sonetos— 1901, Historia del Teatro Principal de Puebla, Entre la vida y la muerte— Drama 1902, La Ciudad de Puebla y La Guerra de Independencia—1909, Colección de Episodios Dramáticos Nacionales, El Héroe del 2 de Abril, melodrama de cuya música es autor el señor C. Samaniego, El Indio de Guelatao, drama en prosa y muchas otras obras de esta índole que se han representado en varios teatros del país.
Fundó en 1897 un periódico llamado El Bohemio y ha colaborado en El Imparcial, El Mundo Ilustrado, El Quijote, La Revista de Mérida, La Lira Chihuahuense, The Méxican Herald. Es socio corresponsal de la Sociedad de Geografía de México. Poeta y dramaturgo de basta producción. Su poesía suele pecar de oratoria, pero es de brillante forma. Cultiva con éxito el género festivo...




 La Cihuateteo de Tecamachalco, Puebla

Rosalba Delgadillo Torres

El ser responsable del registro de colecciones arqueológicas en el estado de Puebla, me ha permitido tener contacto con un buen número de piezas que por sus características y notoriedad han sido dignas de algún artículo para darlas a conocer.
En esta ocasión hablaremos de una pieza por demás muy interesante que se localiza en la cabecera municipal de lo que antaño se llamó la Villa de Tecamachalco, ubicada en la región popoloca poblana.
La pieza fue localizada en un predio ubicado en el centro de la población actual y fue entregada a la Presidencia Municipal. Cuenta con un número de registro otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia con lo que está protegida por la Ley Federal de Monumentos Arqueológicos, Históricos y Artísticos.
Este elemento esta labrado en alto-relieve sobre roca de cantera de color gris y tiene esculpida la representación de Cihuateteo o mujer diosa. Presenta el característico rostro descarnado, dejando ver la dentadura, peina una doble trenza atada con listones y adornos en las puntas, y, en posición ginecológica, es decir, con las piernas abiertas para dar a luz, los senos son claramente observables.
Los brazos están flexionados hacia arriba y las manos están representadas de la misma manera como en el magno Tlaltecuhtli, localizado en el Templo Mayor de México-Tenochtitlan, identificándose con las garras de un águila. La escultura mide aproximadamente 1.40 m. de alto, por 0.85 m. de ancho y 0.50 m. de espesor.
Las cihuateteos —de la lengua Nahuatl cihuatl-mujer y teo-deidad—, eran diosas de la tradición mexica, eran las mujeres muertas en el primer parto. Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia General de las cosas de la Nueva España, nos narra que después del funeral, encabezado por el esposo y acompañado por un grupo de parteras, sacaban el cadáver durante la noche ya que eran acosados por jóvenes guerreros que arrancarían cabellos, brazos y piernas a la difunta. Posteriormente, en el patio del templo de la diosa Cihuacoatl, los parientes más cercanos debían vigilar su tumba durante cuatro días, pues los guerreros solían desenterrarlas para llevarse el dedo medio izquierdo y el cabello, considerados poderosos amuletos de protección en la batalla, y los hechiceros deseaban el antebrazo izquierdo para sus encantamientos.
Según la leyenda, las Cihuateteo se hicieron presentes durante los presagios que auguraban la llegada de los forasteros venidos de Europa, lamentándose por las calles de Tenochtitlan y gritando por la noche ¡Ay mis hijos! ¿A dónde me los llevaré?, por lo que se considera el antecedente de la leyenda española de la época colonial conocida como la Llorona.
Tenían una gran importancia mitológica ya que se creía que durante cuatro años, una vez que Tonatiuh, el Sol, alcanzaba el cenit, acompañado por los guerreros muertos en la piedra de sacrificios, era entregado a las cihuateteos, quienes lo acompañarían hasta que se perdía en el ocaso para ingresar al inframundo es decir, eran consideradas guerreras caídas y de ahí su importancia.
Tenían permiso de regresar al mundo durante los tres días finales del año a buscar a sus hijos, a los cuales buscaban en los cruces de caminos. Las mujeres durante ese tiempo escondían a sus pequeños. Se dice que a los niños menores de tres años se les ponían máscaras de viejitos para confundirlas. ¿Será acaso ese el origen de las máscaras de viejitos y que dio lugar a la danza con ese nombre entre la etnia p'urhépecha?
Esta escultura, a pesar de no tener los datos exactos de su hallazgo, ni el contexto cultural o asociación a otros objetos o restos de algún templo o estructura arquitectónica de otro tipo, ya que corresponde a la casualidad, es una evidencia clara de la expansión del poderío mexica en el área popoloca del oriente del actual estado de Puebla, por lo que no pudo ser elaborada antes del siglo XIV.


Resistencia y rebeldía

El alzamiento armado indígena del EZLN y los pueblos mayas cumple 25 años de su irrupción pública, fueron los primeros en oponerse al neoliberalismo, incluso con las armas en la mano. Su causa sigue vigente y sus demandas son claras. Es una oposición  importante y profunda de los pueblos originarios cultos y civilizadores de México, siguen siendo  desconfiados,  con justa razón, de toda la clase política que produjo la hecatombe trágica que hoy vivimos, en nuestros días hay una pequeña llamita de esperanza de cambio que nació en julio, es deseable e indispensable su  interlocución con el resto de la sociedad mexicana. Se sigue escuchando su ¡Ya basta! y ¡Otro mundo es posible!
Publicamos el editorial de la revista escrito en enero de 1994.


Hace 20 años
El llamamiento de la selva

José Luis Naval
Hernando Ruiz Córdoba

Puebla, en los primeros días de enero de 1915, el ejercito campesino de Zapata es bombardeado en su cuartel de San José por tres aviones del ejercito carrancista que, años después formaría la Fuerza Aérea Mexicana.
Chiapas, son los primeros días de enero de 1994, el  Ejercito Zapatista de Liberación Nacional del Sureste de México, es bombardeado por la Fuerza Aérea Mexicana y ametrallado por el Ejercito Federal. Es el tiempo cíclico mexicano.
El primero de enero estalló la rebelión desde las profundidades de la tierra maya que dijo ¡basta!, igual que en 1910 los campesinos de México alzaron su voz armada por los campos del país.
Setenta y nueve años después los mexicanos indios de Chiapas, se vieron obligados a rebelarse contra el violento sometimiento  a que han estado sujetos dese hace 500 años; despojo con violencia de sus tierras por caciques y ganaderos.
Los políticos y burócratas de las Secretarías de la Reforma Agraria y de Desarrollo Social, estatales y federales, han sido y son cómplices de caciques y ganaderos, y, son sordos al reclamo indígena por las tierras robadas, volviendo nugatoria la  justicia. Esto también, es violencia.
La destrucción de su cultura —esta si es ancestral y no la miseria—, de su religión, sus costumbres, y su bienestar de vida, además del medio ambiente, por los políticos saqueadores que han dirigido a Pemex, también se debe llamar violencia.
Espantoso es el cuadro que ha venido denunciando la diócesis de San Cristóbal de las Casas: desempleo, miseria, explotación, quema de poblados, violaciones, encarcelamientos injustos, juicios amañados, asesinato de líderes, castigos corporales en fincas, y, hasta venta de esclavos. ¡No es esto también violencia!
Los insurgentes del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional respondieron a todo esto que, se agravó en los últimos cinco años de un gobierno que perdió la dimensión de México, llevado por su política extremista de hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, la situación intolerable no sólo para los chiapanecos, también para millones de mexicanos que se debaten entre la pobreza extrema y el planteamiento demagógico de entrar al Primer Mundo.
Un régimen preñado de ilegitimidad que ha ignorado, por lo mismo, el Estado de Derecho; que no resolvió las demandas, levantadas del rumos al grito, el en largo andar de la marcha Xi’Nich, y sí volvió al carro completo para poder cambiar la esencia de la Constitución Federal de 1917.
La rebelión zapatista del sureste, paradójicamente ante su fuerza militar, exhibe en son de triunfo a un régimen caduco, al que le han caído la historia y los años como nuevo grupo de científicos obnubilados en la quimera modernizadora y extranjerizante de los últimos años.
Duele a los mexicanos las vicisitudes de su historia, escrita con balas en los pechos desnudos de campesinos históricos, de indígenas y mestizos, de obreros y artesanos, de maestros y jóvenes que mueren por justicia, democracia y una mejor vida.
Para el grupo en el poder, el de los tecnócratas educados en universidades estadunidenses, el estruendo de la lucha debe llevarlos al convencimiento de que sólo propiciando elecciones limpias, creíbles, equitativas, y poniendo en juego verdaderamente el poder, los cañones de los fusiles callarán para dar voz a las papeletas electorales.
El tiempo para la salida civilizada se acorta, no la desperdiciemos en descalificar a la desesperación llamando agresores, o monolingües e ignorantes a quienes enfrentaron un diálogo de sordos; o echar la culpa a extranjeros por la realidad que vivimos.
También es necesario recordar que los mexicanos tenemos derecho a la información verídica, y no sólo a los comunicados oficiales de prensa. Por el bien de todos, no repitamos la historia.



Las dos Chinas Poblanas
Exégesis del Traje Nacional

Gutierre Tibón

El auge de la china en Puebla es indiscutible; con todo, hay otros autores que se refieren a la  china en la Ciudad de México años después del viaje de Guillermo Prieto a la Angelópolis.
José María Rivera hizo esta picaresca descripción de nuestro personaje el mismo año en que lo retrató Zamacois —1855—: ¡Fuera la gente de alto rango! ¡Fuera las majas y manolas de España y las grisetas de Francia! Porque ahora sale mi china: esa hija de México tan linda como su cielo azul ...Apenas cuenta veintitrés años y ya tiene veintiocho amantes, incluso el tendero de la esquina y el hijo del inspector …No conoce el corsé: si lo viera desde luego pensaría que semejante aparato fue uno de los instrumento que sirvieron para martirio de santa Úrsula y sus once mil compañeras ...El fuerte de la cima es el aseo, y tanto en su personita como en sus vestidos y muebles ostenta la mayor limpieza, correspondiendo siempre la fachada a lo interior, cosa que no sucede en ciertas Evas... Esta mujer va desapareciendo... Triste es decirlo: hoy encontraréis la clanizada en Oaxaca, la lépera en Querétaro, la tagarnina en Durango y Monterrey, la tapatía en Guadalajara... pero la china ya no la veréis como en otros tiempos en el paseo de la Retama o en la plazuela de Pacheco, ni en las canoas de Santa Anita...La china, esa linda hija del pueblo, de bondadosa índole y corazón excelente, dentro de pocos años sería un tipo que pertenece a la historia.
Rivera nos presenta a la china delante de la autoridad; ésta le pregunta su apellido. Por parte de
mi madre soy Villa. Mi padre... ¡pues! mi padre también era Villa. El comisario apunta: de la Villa. Con toda evidencia, Rivera atribuye tal apellido a la china para subrayar que procede de la aldea, del pueblo, o sea de la villa. La llama, además, la plebeya china: plebeya, hija del pueblo: esto es, poblana.
Poblana, no angelopolitana. Puntualiza el doctor Nicolás León: La área del traje llamado de china fueron el Distrito Federal, Puebla, Oaxaca, quizá y un poco Guadalajara. El centro de irradiación debe haber sido la Ciudad de México y en su mayor auge y persistencia la ciudad de Puebla. Debido a la convergencia de las palabras poblana, por un lado pueblerína, plebeya, y por el otro, oriunda de Puebla, comprendemos la trampa en que han caído la marquesa Calderón de la Barca, el pintor Carlos Nebel y los propios poblanos, a los cuales, desde luego, les halaga la idea de que el traje nacional se haya originado en su ciudad.
Carlos Nebel, arquitecto alemán, autor del famoso Viaje pintoresco publicado en París y México en 1840, con prólogo de Humboldt, nos ha dejado el famoso cuadro titulado Poblanas. De las tres una lleva la falda de castor; bajo las enaguas de dos asoma el refajo que termina en picos, llamados puntas enchiladas. Las tres fuman cigarrillos.
En tanto que las Poblanas de Nebel son famosas, las de Fossey, pintor francés de la misma época, casi no se conocen. Las imprimió en París el mismo litógrafo a quien se deben las láminas de Nebel: Lemercier.
También las poblanas de Fossey son tres; una fuma; otra luce el clásico refajo picudo. Pero lo singularmente importante de las litografías de Fossey es su título bilingüe, modesta piedra de Rosetta para la interpretación de la voz poblana. Dice: Poblanas —Paysannes—. No se trataba de Femmes de Puebla, sino de pueblerinas, campesinas. Junto a las chirras poblanas aparece un
ranchero —fermier— y, a caballo, un cavalíer mexícaín y una dame mexicaíne que representan la clase alta en oposición a la baja: el ranchero y las poblanas.
Luis Castillo Ledrón recuerda que la especie de la chica poblana empezó a formarse durante la guerra de la independencia, a favor del relajamiento que ésta vino a producir en la austeridad religiosa y en las costumbres. Las muchachas del pueblo, no bien cumplían los 15 años y se daban cuenta de sus atractivos, ardían en deseos de lucir el ostentoso vestido, que arrebataba la mirada de los hombres.
A mediados del siglo pasado, como hemos visto, la especie y la indumentaria de la poblana estaba en decadencia; sólo sobrevivió su atuendo, usado como disfraz carnavalesco o en las tablas, por bailarinas o cantantes folclóricas; la más conocida entre ellas era Julia Garnica.
No hay duda de que el traje de la china poblana es adaptación de uno español; deriva tal vez del de la maja andaluza o de la lagarterana. La china es la pareja indispensable del charro, cuya
indumentaria es de origen sahnantino. Los de chinay charro se consideran hoy trajes nacionales. El guión misterioso al que alude Toussaint no es más que la leyenda debida a la fantasía del aludido coronel Carreón y aceptada hasta nuestros días. Se han adueñado de ella los maestros normalistas que en ciertas fiestas escolares presentan, como antepasada de la china poblana, a una princesa vestida a la usanza del Celeste Imperio.
China es voz quechua; significó en origen hembra de los animales, luego pasó a denominar una sirvienta, una india o mestiza, una mujer del bajo pueblo. La primera documentación de esta
palabra es de 1553: Santillán, en sus Tres relaciones refiere que los soldados españoles en Perú tenían para chinas de sus mujeres y a veces por mancebas de ellos y de otros.
En 1673, Pineda y Bascuñan, en su Cautiverio feliz, se refiere a dos chinas, chinillas o chinuelas. Juan y Ulloa, en su Relación histórica del viaje a la América Meridional, describe su visita a Quito hacia 1740 y dice de las chinas que así llaman a las indias mozas solteras, criadas de las casas y conventos. En el lengmaje bogotano del siglo pasado, china, según Rufmo Cuervo, equivalía a chica, muchacha, rapaza; el ilustre lingüista confirma el origen quechua de la palabra.
¿Cuándo y cómo llegó a México la china ? La versión de Castillo de Ledón es plausible. Conocemos, además, las características de la china mexicana gracias a los autores, todos dignos de crédito, que hemos citado: la marquesa Calderón de la Barca, Payno, Prieto, Zamacois y Rivera. También Joaquín García Icazbalceta afinna que alcanzó todavía a conocerla. Ya que nació en 1825, probablemente aludía a las últimas chinas de la Ciudad de México, en los cincuentas: Sus trajes y modales —se queja— han desaparecido por completo. Supone García Icazbalceta que después de su desaparición en México las chinas permanecieron algún tiempo en Puebla: de ahí los cuadros de Arrieta y la descripción de Guillermo Prieto. A su auge y supervivencia en Puebla, según nuestro autor, les vino el nombre de poblanas.
García Icazbalceta escribía en 1893; su interpretación de poblana aplicado a la china es, desde luego, sujeta a seria discusión. Sabemos que poblano, en Hispanoamérica, equivale a pueblerino, campesino, lugareño, habitante de aldea. Esta acepción se conserva todavía en
Yucatán. Por la convergencia de poblano —pueblerino y poblano— gentilicio de Puebla, se ha creado una evidente confusión, que ha  señalado, a justo título, el jurista Roberto Molina Pasquel. El mole poblano era, en su origen, un mole al estilo campesino y no al estilo angelopolitano; en otras palabras, un mole poblano podía ser del Bajío o de Jalisco.  Analógicamente, una china poblana podía ser de cualquier región de México. Al leer la Musa Callejera, de Guillermo Prieto, parece manifiesto que el poeta, que tan eficazmente describió las chinas por él conocidas en Puebla, y ya curado de los ataques de nervios que le producían, usa poblana con el valor de pueblerino y no de angelopolitano:

Y viva lo de la tierra,
castor, sombrero jarano
y penca y mole poblano. ..
y jarabe hasta rabiar.
En El tímido y el zagalejo el poeta pregunta :
Por Dios, ¿quién sufre embudo
de lienzo?¿Una linda china
a quien el cielo destina
al aire libre, al amor?
Esas cárceles de lienzo

sirvan a la aristocracia;
pero a las chinas la gracia
y la enagua de castor.
Dos veces, en el poema, la china es llamada poblana:

La linda china poblana
más linda que las estrellas...
Era la china garbosa,
la linda china poblana
sobre la nube de grana
de su enagua de castor.
En otra estrofa el poeta alude a
los encantos soberanos
de los piecitos poblanos.

Nunca, en la lectura de esta apasionada defensa del atuendo tradicional de la china, se encuentra una alusión a la ciudad de Puebla. Viva lo de la tierra, o sea lo genuino, lo lugareño, lo de costumbre consagrada.
Por otra parte Payno, en tres de sus libros, sólo una palabra china, sin la añadidura de poblana, y Somoano escribe:

Es la trigueña chinita,
la mujer más resalada
que en el suelo mexicano
naciera de sangre hispana.

El doctor Molina Pasquel duda de que varias conocidas expresiones injuriosas se refieran a los poblanos en tanto que angelopolitanos; más bien se relacionan con el sentido originario de poblano, o sea pueblerino, tosco, burdo, grosero: exactamente como el vecino de la aldea o villa se porta como un villano, en contraposición con el habitante de la ciudad, de la urbe, bien educado, cortés, esto es: urbano.
Si los habitantes de la Puebla de los Ángeles no se llamaran poblanos, sino poblenses como los de Puebla de Don Fradique, o poblanchinos, como los de Puebla de la Calzada, no se habría presentado la confusión con poblano, aplicado a la china y al mole, ambos pueblerinos y no angelopolitanos. Desde luego, la convergencia de poblano, aldeano, con poblano, gentilicio de Puebla, lleva a la anfibología empleo de frases o palabras con más de una interpretación—, que se aprovecha con fin agresivo, y para la cual se buscan incluso justificaciones históricas.
Lo que es cierto y positivo es que el traje de china poblana ha sobrevivido y que forma, con el de charro, la popular pareja que se ha depurado, estilizado y dignificado, hasta volverse el traje nacional de México.